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La dimensión emocional del cuidado en la vejez: la mirada de los adultos mayores

La dimensión emocional del cuidado en la vejez: la mirada de los adultos mayores Resumen El presente trabajo de investigación muestra, la dimensión emocional de hombres y mujeres mayores que envejecen con enfermedad y dependencia, desde su propia perspectiva. Se trata de una investigación cualitativa realizada a adultos y adultas mayores que residen en la ciudad y municipio de Durango, México. Las técnicas de recolección de datos fueron la entrevista en profundidad y la observación participante, así como una ficha de identificación personal con datos sociodemográficos. Los resultados permiten identificar dos tipos de emociones: las Cuidado de Adultos Mayores de insatisfacción y las de

gratificación. Desafortunadamente, las emociones insatisfactorias parecen dominar en la experiencia de vida de los participantes, pues es lo que predomina en el imaginario social y en los discursos que giran alrededor de esta etapa del ciclo vital. La interacción entre lo individual y lo social de la vejez y el envejecimiento crean un escenario emocional que determina las acciones en los adultos mayores. El trabajo social, a la par que otras disciplinas debe reflexionar desde una postura socio-política, su participación en el cambio de las percepciones e imágenes negativas de Cuidado de Adultos Mayores las personas mayores y promover una nueva cultura del envejecer.

Palabras clave: vejez, dependencia, cuidados, emociones Introducción Cuidar, algo esencial e inherente en la vida de las personas, sigue siendo el núcleo de muchas relaciones humanas. En ese sentido, hablar de cuidados en la vejez, es referirse a una necesidad cotidiana de todas aquellas personas mayores con una edad avanzada que padecen alguna enfermedad o discapacidad. Dicha necesidad, aunque en diferentes grados, dimensiones y contextos se construye y se negocia socialmente (Cepal, 2009). En la realidad actual, cuidar de las personas mayores representa una dificultad Cuidado de Adultos Mayores para muchas familias, sobre todo por las transformaciones sociales y culturales que se han dado

en las últimas décadas: disminución de la fecundidad, cambio en el tamaño de los hogares, incorporación de las mujeres al mercado de trabajo, cambios en las percepciones y los valores de las familias. En este sentido, el cuidado ha tomado relevancia como tema de estudio en distintas disciplinas. Además, resultados de investigaciones recientes ubican este tema en el centro de un debate social y político (Robles, 2007; Arriagada, 2007; Aguirre, 2008; Cepal, 2009; Tobío, Agulló, Gómez y Martín, 2010). Datos Cuidado de Adultos Mayores de importantes estudios sobre el cuidado se centran en el análisis de los efectos psicosociales y la salud física de

quienes cuidan a adultos mayores enfermos y son abundantes (Aramburu, Izquierdo y Romo, 2001; Rivera, 2001; Deví y Ruiz, 2002; Aberg, Sidenvall, Hepworth, O´Reilly y Lithell, 2005). El principal aspecto que destacan alude a la «carga» para el cuidador, pues el impacto que tiene el cuidado en la salud mental y física de los cuidadores es una dimensión poco atendida por los programas institucionales. Sin embargo, poco se ha hablado de lo que sucede en Cuidado de Adultos Mayores el sujeto que recibe el cuidado, es decir, el adulto mayor. Es así como cobran interés las consecuencia emocionales, cuando no se cuenta con el

apoyo de la familia para otorgar el cuidado; cuando los recursos materiales y económicos son escasos para hacer frente a la enfermedad; y cuando existen conflictos en la familia, o en la relación entre el adulto mayor y su cuidador. En la experiencia del cuidado, los adultos mayores se insertan en una relación que produce un ambiente emocional difícil y estresante para él, para la familia y para el/la cuidador/a. Cuidado de Adultos Mayores La experiencia individual de cada uno de los participantes está inmersa en un vaivén emocional, que oscila de la tristeza a la esperanza y del enojo a la gratitud. En

este escenario surge la intersubjetividad y toman peso importante las creencias, los prejuicios y las imágenes acerca de esa experiencia de vida. En la relación adulto mayor-cuidador se expresan emociones que crean y recrean realidades objetivas y significados personales. El presente trabajo se propone mostrar, con una mirada social y política, la dimensión emocional que surge en la experiencia de la vejez y la dependencia Cuidado de Adultos Mayores con la mirada de los/las adultos/as mayores. 1. Antecedentes Existen escasos trabajos que tratan de la dimensión emocional en la relación de cuidadocuidador; es decir, del adulto mayor que recibe el cuidado y de la

persona que se lo proporciona. Sin pretender ser exhaustivos, es importante en un primer momento darle significado a lo emocional, dimensión que ha sido estudiada con enfoques biológicos, psicológicos y sociales. Perspectivas teóricas como la antropología, la fenomenología, las representaciones sociales o el constructivismo-construccionismo social, han abordado el tema de las emociones, generando análisis con diversas lógicas. En su artículo Cuidado de Adultos Mayores Antropología de las Emociones, Fernández (2011) hace una amplia compilación de definiciones de distintas disciplinas y enfoques. Rescatamos las más destacadas y ampliamos con otros autores que han abordado este importante tema. En una óptica que enfatiza lo biológico: «las

emociones suponen un complejo proceso hormonal, fisiológico e incluso molecular que sirve para establecer y asentar la vida en sociedad». Para la antropología, las emociones se entienden como el campo básico sobre el que se crea la red de conexiones y prácticas sociales que devienen sistemas y contenidos culturales. En esta disciplina, se consideran las Cuidado de Adultos Mayores emociones como la matriz sobre la que se mueve la vida social, los tipos básicos de conductas relacionales sobre las que se da la comunicación necesaria para crear los diversos mundos culturales (Fericgla, 2010). Los estudios sociales y humanistas requieren indiscutiblemente una «matriz emocional» para

comprender el espíritu de una cultura. Es decir, la Cuadernos de Trabajo Social 339 Vol. 26-2 (2013) 337-347 María Concepción Arroyo Rueda y Luis Enrique Soto Alanís La dimensión emocional del cuidado en la vejez… dinámica del proceso social es necesaria para comprender los procesos psicológicos que suceden en el Cuidado de Adultos Mayores interior del individuo (Fromm, 1979; citados en Fernández, 2011). Uno de los campos de conocimiento que más ha estudiado este tema es la psicología. Para la perspectiva psicológica, «las emociones suponen el impulso básico de la mente consciente además de una fuente de patologías diversas si han sido mal socializadas».

No obstante, otra rama de la psicología —la psicología social o sociohistórica— destaca que lo emocional también forma parte de la realidad de los sujetos, por lo que la emoción es igualmente un proceso subjetivo que se asocia de múltiples formas con los procesos simbólicos Cuidado de Adultos Mayores (González, 2007). Por su parte, las psicologías cognitivas ponen el acento en la valoración. Lazarus (1982, 2000a) presenta una hipótesis cognitivo-fenomenológica que busca la comprensión de la vivencia, de las decisiones y de las acciones de los seres humanos y sus procesos de elaboración de la información y la interrelación persona-medioambiente como entornos que se

retroalimentan. Un enfoque socioconstruccionista (Hoschild, 2008) y antropológico de las emociones ha sido postulado por Gordon, Collins y Le Breton (citados en Fernández, 2011). En la ética del cuidado, las emociones han sido motivo de análisis de Graham, Kittay, Ungerson, Cuidado de Adultos Mayores Fisher y Wood (citados en Vázquez y Enríquez, 2012). Las emociones, sentimientos o afectos, se caracterizan por creencias, juicios y deseos, cuyos contenidos no son naturales, sino determinados por sistemas de creencias y significados sociales vinculados a contextos particulares (Armon Jones, 1986; Lazarus, 2000a; Hochschild, 2008). Las aportaciones de Hochschild en este tema son muy importantes, puesto que conceptualiza la

emoción como una conciencia de cooperación corporal con una idea, un pensamiento o una actitud, y a la etiqueta adosada a esa conciencia. Y por «sentimiento» alude a una emoción «más suave»1 . Para Gordon Cuidado de Adultos Mayores los efectos estructurales sociales sobre el flujo de la emoción pasa al menos a través de tres procesos de interacción. En la diferenciación de la emoción, las sociedades y subgrupos distinguen en su idioma y el comportamiento social entre muchos tipos de una emoción (por ejemplo, formas de ira). A través de la socialización, los individuos aprenden a sentirse, atender, expresar y reconocer las emociones

particulares identificadas en su sociedad. Finalmente, el manejo de los sentimientos es la regulación de ambas expresiones y sentimientos de acuerdo con las normas de adecuación. Estos tres procesos sociales Cuidado de Adultos Mayores vinculan la estructura social amplia con la experiencia emocional y el comportamiento de los individuos. En una perspectiva construccionista, Hoschild expresa que las emociones son parte del intercambio social orientadas a la cognición y a la acción, y cuentan con creencias, normas y expresiones propias (Hoschild, 2008). Para Gergen, pionero del construccionismo social, las emociones no sólo tienen influencia en la vida social, sino que son la base de la

vida social misma. Las emociones tienen un significado personal, pero no es posible desprenderlas de un significado cultural más amplio en el que se lleva Cuidado de Adultos Mayores a cabo una evaluación moral de la emoción. En este sentido, las emociones adquieren un significado relacional que varía de un contexto cultural a otro, pues el significado personal de lo que está sucediendo depende de la manera en que actúa la otra persona en la interacción (Gergen, 1996; Lazarus, 2000a). Así mismo, Fabregat y Chodorow (citados en Fernández, 2011) enfatizan que: La relación entre emociones y cultura es íntima e indisociable. Las emociones son

las formas en que experimentamos el mundo y las respuestas emocionales reflejan la cultura, toda vez que son moldeadas por Cuidado de Adultos Mayores ella. Los seres humanos significan las imágenes y prácticas culturales, las crean y recrean a través de procesos relacionados con la biografía personal, con estrategias y prácticas intrapsíquicas e interpersonales en el marco cultural». Gordon (1990), plantea que las emociones se constituyen como universos simbólicos subjetivos, producto de las interacciones entre las 1 Si bien aclaramos que los conceptos: emoción y sentimiento tienen un significado de cierta manera diferente, en este trabajo utilizaremos de manera indistinta ambos términos, dado que

en el contexto discursivo de nuestros participantes, los dos conceptos se usan como si tuvieran Cuidado de Adultos Mayores el mismo significado. María Concepción Arroyo Rueda y Luis Enrique Soto Alanís La dimensión emocional del cuidado en la vejez… personas y su contexto sociocultural. Para que una emoción surja es necesario una valoración previa de la situación emocional, y no es posible hacer una valoración sin estar envueltos en nuestro propios entendimientos sociales. Entender las respuestas emocionales y su origen implica comprender el contexto en el que surgen. Esto requiere conocer cómo se construyen las relaciones y lo que es importante o no para

las personas. La forma en que las personas jerarquizan lo Cuidado de Adultos Mayores que es o no es relevante modela las reacciones emocionales lo que orienta la acción de los participantes (Lazarus, 2000a). En el tema de la vejez, la enfermedad y la dependencia, la expresión emocional es inevitable, producto de la tensión entre los actores principales: adulto mayor y familiar cuidador. Las narrativas de las emociones y los sentimientos, como se ha dicho anteriormente, si bien se ubican en un marco subjetivo, se originan en lógicas de razonamiento social, de tal forma que reflejan también un marco de referencia objetivo, de orden

cultural. 2. Metodología Este trabajo Cuidado de Adultos Mayores forma parte de una investigación cualitativa más amplia en la que se exploraron las representaciones sociales de la vejez y el cuidado en 20 adultos mayores con enfermedades crónicas y dependencia física, en Durango (México). La muestra fue de tipo teórico y por conveniencia, delimitando el número de casos mediante el proceso de saturación (Glasser y Strauss, 1967; Flick, 2004; Martínez, 2006). Los casos fueron seleccionados en tres unidades del sector salud de la localidad, a través de informantes clave (médicos, enfermeras y trabajadores sociales) donde los participantes eran usuarios de distintos servicios médicos. Con

Cuidado de Adultos Mayores el propósito de buscar un grupo heterogéneo, se realizaron entrevistas en profundidad a 10 varones y 11 mujeres mayores, con distintos niveles socioeconómicos: dos vivían en un área rural cercana a la ciudad; tres en la ciudad con familiares, pero provenientes de área rural, cuatro en colonias populares, cinco en fraccionamientos de interés social, y seis en la zona urbana cercana al centro de la ciudad). Menos de la mitad de los participantes perciben la pensión y la mayoría con escolaridad básica. La edad oscilaba entre los 70 y los 93 años y se buscó Cuidado de Adultos Mayores que fueran adultos mayores en

condiciones mentales favorables a la entrevista; es decir, se procuró que su narrativa fuera coherente. Todos los participantes padecían una enfermedad crónica discapacitante. Entre los padecimientos más frecuentes estaban: asma, cáncer, cirrosis hepática, diabetes, nefropatías, enfermedades cardiovasculares y fracturas. La metodología cualitativa permitió desde el inicio abordar el tema en un escenario «natural», pues todos los participantes fueron entrevistados en su hogar. Se planearon tantas entrevistas como fueron necesarias, a fin de lograr el criterio de saturación teórica; en total se realizaron 28 entrevistas. Se estableció un acuerdo verbal acerca Cuidado de Adultos Mayores de la confidencialidad de los datos, de tal forma que

toda la información se proporcionó voluntariamente utilizando una grabadora y notas de observación. Para el análisis de los datos se utilizó el programa Etnograph para datos cualitativos. En el análisis se realizó una lectura profunda de los datos de las entrevistas con el propósito de rescatar la subjetividad de cada participante, y así obtener una mayor comprensión del fenómeno de estudio. Posteriormente se elaboró un listado y un mapa de códigos que integrados en categorías, posibilitaron la aparición de temas relevantes para el análisis (Bolívar Cuidado de Adultos Mayores y Fernández, 2001; Rodríguez, 2007). 3. Análisis y discusión de resultados Los resultados que se

presentan a continuación se refieren a las emociones del adulto mayor que surgen alrededor del cuidado en la vejez avanzada. Las narrativas de los entrevistados nacen en la interacción de la convivencia diaria entre ellos y sus cuidadores. La percepción de esta interacción emocional, desde la perspectiva de las personas mayores y el sentido y el significado que le asignaron, es lo que destacamos en los resultados. Para ello, rescatamos la clasificación que hace Lazarus (2000a) de las emociones. Agrupamos Cuidado de Adultos Mayores las emociones identificadas en los adultos mayores en: emociones existenciales como la ansiedad, miedo, culpa y vergüenza; y las emociones

provocadas por condiciones de vida desfavorables, como la esperanza, la tristeza y la depresión. En los relatos de los participantes aparecen también las denominadas emociones empáticas, como la gratitud y la compasión, (Lazarus, 2000a) como otra di340 Cuadernos de Trabajo Social Vol. 26-2 (2013) 337-347 María Concepción Arroyo Rueda y Luis Enrique Soto Alanís La dimensión emocional del cuidado en la vejez… mensión que posibilita tener una visión distinta de la vejez: aquella que tiene Cuidado de Adultos Mayores aspectos positivos y que deja a un lado los estereotipos negativos. Además, algunas de las expresiones de emocionalidad en los sujetos participantes, constituyen también estrategias

de enfrentamiento ante las dificultades y vicisitudes de la cuarta edad. De esta manera presentaremos, en primera instancia, aquellas emociones existenciales que resultaron más significativas en la medida que establecieron ciertos patrones en la diada cuidador-receptor de cuidado; es decir, entre el adulto mayor y quien lo cuida. En un segundo momento haremos alusión a las emociones empáticas. 3.1. Emoción: ansiedad-miedo Una primera emoción identificada en las entrevistas fue la Cuidado de Adultos Mayores de ansiedad y miedo. La aparición de esta emoción se relaciona en buena medida por la experiencia de enfermedad y deterioro en sus funciones básicas de la vida diaria. Las

personas entrevistadas se muestran ansiosas por tener que depender de los demás y temen que su discapacidad avance. A continuación se muestran narrativas que reflejan emociones de ansiedad-miedo en nuestros participantes. Narrativas de la emoción de ansiedad-miedo Pues desesperación, angustia, tristeza, ansiedad, etc. Fíjese, estar nomás sentado y acostado porque no puedo ni, estando yo en la cama acostado, no puedo levantarme ni para sentarme, Cuidado de Adultos Mayores no, me tienen que ayudar a sentarme y pues es mucha dificultad, si (Caso 2; Rigoberto, 76 años). O bien, tenemos otro ejemplo con Rosa María: Me da miedo que llegue la noche […] y

a veces me da miedo, miedo a lo que será de mi vida, a veces me da miedillo. Investigadora: ¿a qué le tiene miedillo? A morirme sola. Investigadora: pero aquí está su hija y sus nietos: […] sí, pero ellos tienen que salir a trabajar, todos, y a veces estoy sola, ¿qué tal si es en ese rato? [se muere] Cuidado de Adultos Mayores (Caso 6; Rosa María, 86 años). Si bien el temor a morir es un miedo que se comparte socialmente, en los relatos de los participantes, el miedo a la muerte surge con mayor peso, cuando sus condiciones físicas se tornan

vulnerables, cuando tienen la certeza que el ciclo de vida está por concluir, entonces, en ese momento es cuando se necesita estar con alguien, compartir la emoción con otro. El significado en la emoción de ansiedadmiedo se centra en nuestra seguridad personal, en nuestra identidad como individuos, así como en temas de vida o muerte. Cuidado de Adultos Mayores Entre los sinónimos de la ansiedad son: aprensión, inquietud, preocupación y desasosiego, y su trama argumental es una amenaza incierta. Si la emoción de la ansiedad es existencial, y por lo tanto simbólica e indefinida, habitualmente se experimenta la ansiedad como algo que se refiere

a peligros reales que se avecinan (Lazarus, 2000b). El significado personal subyacente a la amenaza es existencial, por cuanto trata de quiénes somos en el mundo, de nuestro futuro bienestar, de la vida y de la muerte. Dicho significado se construye socialmente a partir de cómo se enfrentan las personas Cuidado de Adultos Mayores a una determinada situación, y a partir de los objetivos y creencias personales sobre ellos mismos y sobre el mundo. 3.2. Emoción: culpa La culpa es otra emoción que experimentan los adultos mayores cuando sienten que están obstaculizando la vida personal de quienes los cuidan. Al parecer sienten que no

son merecedores del cuidado que se les otorga, o bien, cuando el propio cuidador hace algún comentario de lo difícil que le resulta cuidarlo. Narrativas de la emoción de culpa Me siento con ganas de morirme para no seguir dando guerra ya, dando molestia. No, Cuidado de Adultos Mayores pues, yo digo nada más pedirle a Dios que me de licencia de valerme por mí misma pa´ no cansar a la gente (Caso 1; María Dolores, 93 años). A ver si me quieren [una residencia para ancianos], para dejar vivir a estos [dos hijos que la cuidan), que formen su vida, ya son diez

años que no han vivido su vida (Caso 19: María Elena). La trama argumental de la culpa es sentir que se ha transgredido un código moral que forma parte de los valores de las personas. Las personas que experimentan culpa, Cuidado de Adultos Mayores no necesaCuadernos de Trabajo Social 341 Vol. 26-2 (2013) 337-347 María Concepción Arroyo Rueda y Luis Enrique Soto Alanís La dimensión emocional del cuidado en la vejez… riamente incurren en algo moralmente malo, sino en creer que lo han hecho. La emoción de la culpa se centra en el sentimiento subjetivo de culpabilidad (Lazarus, 2000b). En el caso de los

ancianos, la culpa sobreviene porque perciben la supervivencia como algo injusto para los cuidadores, de manera implícita y a veces explícita creen que el cuidarlos es un «sacrificio» para aquellos. 3.3. Emoción: vergüenza Simultáneamente con Cuidado de Adultos Mayores la culpa, se identifica el surgimiento de la vergüenza en nuestros adultos mayores con dependencia física. Los participantes sienten vergüenza por no ser autosuficientes, por tener que pedir ayuda para satisfacer la mayoría de sus necesidades. Narrativas de la emoción de vergüenza Querer uno [… ] poder, querer hacer las cosas […] y […] y que ya no poder alcanzar uno algo que necesita […]

nada […] me da pena. Otro relato: Cuando veo que ya anda muy cansada, sí me da vergüenza pedirle un apoyo, pero ella [la cuidadora] lo ve y lo hace. Cuidado de Adultos Mayores (Caso 5; Juan Lorenzo, 76 años). Según Lazarus (2000b), muchas veces puede establecer una confusión entre la culpa y la vergüenza. Freud habló del origen tanto de la culpa como de la vergüenza como una sola entidad mental: el superego, que se desarrolla en el proceso de crecimiento (Roudinesco y Plon, 1976). Pero, en tanto los valores morales como los ideales personales están implicados, puede que estén funcionando dos voces

separadas, con diferentes contenidos, experiencias y conductas. Mientras se busca expiar la culpa, la vergüenza se trata de esconder. La trama argumental de esta emoción Cuidado de Adultos Mayores es no estar a la altura del ideal personal o del ego. Vivir en desacuerdo con el ideal personal es una manera de evitar la vergüenza; parece que el objetivo subyacente que funciona en la vergüenza es evitar la crítica, el rechazo o el abandono social (Lazarus, 2000b). Es interesante ver cómo las personas que luchan contra la vergüenza prefieren «esconderse del mundo», ya sea mostrando una buena fachada, o bien evitando los contactos sociales.

En los ancianos, más que en los cuidadores, es común el sentimiento de vergüenza, dado que el ideal de todo Cuidado de Adultos Mayores ser humano es conservar la autonomía, sobre todo en el auto-cuidado del cuerpo. En otro grupo de emociones se encuentran las que provocan las condiciones de vida desfavorables, tales como: una enfermedad grave, el dolor y sufrimiento por una pérdida real o potencial de un ser querido o el estatus personal (Lazarus, 2000b). Entre las emociones de este grupo que se consideran vinculadas a nuestro tema de estudio son la esperanza, la tristeza y la depresión. 3.4. Emoción: esperanza Otro

importante resultado en la exploración de las emociones es el que se refiere a la Cuidado de Adultos Mayores esperanza y la fe. Los adultos mayores, aún cuando sus condiciones son de vulnerabilidad física y a veces aislamiento social por su enfermedad, mantienen el sentimiento de esperanza y fe en que las cosas pueden mejorar. Estos sentimientos tienen arraigo en sus creencias religiosas o espirituales que mantienen a lo largo de sus vidas. Narrativas de fe y esperanza No, porque mire, temor no lo tengo, mi confianza en Dios siempre ha sido y creo que él no me abandona, otra ilusión que tengo es

volver a trabajar porque así aunque gane poco no importa Cuidado de Adultos Mayores pero estoy haciendo algo útil, esa es la ilusión que tengo (Caso 4; Roberto, 73 años). Yo quiero ver si me componen de aquí [señala la columna] y tengo la seguridad y Dios nuestro Señor de que sí puedo caminar (Caso 7: Cosme, 72 años). Hay veces que estoy enferma y le digo: [a Dios] Tú sabes cuándo me vas a recoger, sólo dame esa paciencia que necesito para seguir adelante. (Caso 6; Rosa María, 86 años). Es importante comprender la esperanza, no solamente porque puede ser un apoyo para

la vida sino porque permite Cuidado de Adultos Mayores sacar el mejor partido de una mala situación, de vivir con entusiasmo y dignidad a pesar de todo (Lazarus, 2000b). La esperanza es esencialmente un antídoto contra la desesperanza, y es a través de ella como pueden disminuir los pensamientos negativos y sombríos que provoca una condición vital desfavorable, cuyo resul342 Cuadernos de Trabajo Social Vol. 26-2 (2013) 337-347 María Concepción Arroyo Rueda y Luis Enrique Soto Alanís La dimensión emocional del cuidado en la vejez… tado es incierto. El significado personal de la esperanza es que la persona cree que existe una posibilidad de

Cuidado de Adultos Mayores que su situación mejore, y su trama argumental es temer lo peor, pero anhelar lo mejor. De acuerdo con Lazarus (2000b), consideramos la esperanza como emoción, pues aunque se cataloga como estrategia de afrontamiento, raramente es fría o desligada. Las personas pueden tener esperanza aunque estén desilusionadas, pueden ser pesimistas en cuanto a las condiciones globales, pero nunca renunciar a la esperanza de que el ser humano pueda mejorar. En la tradición judeo-cristiana, la esperanza se ve como algo positivo, como una virtud que construye fortaleza. En el caso de los ancianos, cuando la esperanza Cuidado de Adultos Mayores de vida es corta, a

veces se aprecia una lucha entre la esperanza y la desesperanza, oscilan entre estos estados mentales; por un lado, sienten esperanza por el tiempo que les queda de vida, y por el otro, surge la desesperanza por un fin que sienten próximo y por lo poco que pueden hacer ya con su vida. El significado personal según Lazarus (2000b), que consideramos aplicable al caso de los ancianos, es que tienen esperanza cuando perciben que existe una posibilidad de que el resultado que se teme no sea tan malo y de Cuidado de Adultos Mayores que al final todo saldrá bien. Junto a la esperanza,

se encuentra muy ligado el sentimiento de fe, como una actitud que genera fortaleza, y se relaciona principalmente con los principios que establece la religión, cualquiera que sea, pero además con una inclinación hacia lo espiritual. Así, los aspectos de fe y esperanza basados en la religión y espiritualidad, como dice Vázquez (2003, p.189) se convierten en un bálsamo y soporte espiritual capaz de prodigar real o imaginariamente una sensación de seguridad y protección divina que calma, mitiga y sana el sufrimiento que causa la Cuidado de Adultos Mayores enfermedad, el paso de los años, e incluso, la propia muerte. No obstante, en esta

dimensión emocional surgió como contraparte la desesperanza, que tomó un lugar importante en los datos. Es por ello por lo que mostramos ejemplos de narrativas de esperanza-desesperanza, como una muestra de la ambivalencia y contradicción que conlleva la experiencia de la vejez, la dependencia y el cuidado. 3.5. Emoción: desesperanza Como contraparte a los ejemplos anteriores, la desesperanza es otra emoción que se identificó en los participantes. Abundante literatura sobre vejez menciona que las personas mayores presentan sentimientos de desesperanza Cuidado de Adultos Mayores al sentir que se acercan al ocaso de sus vidas, sobre todo cuando en esta última etapa están presentes la

enfermedad, la discapacidad y el deterioro, como es el caso de nuestros participantes. Narrativas de desesperanza No pues, a pesar mío, le digo a mi padre Dios —nada más con que estuviera bien— pero ya con los años ya no se puede (Caso 6; Rosa María: anciana 86 años). Aquí nomás todo el día, y en este estado, en que ya… ya no, ni esperanza de decir algún día me compondré […] cada día y Cuidado de Adultos Mayores cada día es un paso a la muerte […] ya nomás estoy viendo, por qué estoy aquí todavía, ya sin ninguna esperanza de decir: ¿algún

día me levantaré de esta cama?, ¿volveré a caminar? (Caso 3: María Santos, 89 años). 3.6. Tristeza y depresión De igual forma que el temor y la ansiedad, se ha documentado ampliamente que la tristeza y la depresión son de las emociones más frecuentes y propias de la vejez. La explicación que distintos autores dan para argumentarlo, es que los adultos mayores se sienten tristes a causa de las distintas Cuidado de Adultos Mayores pérdidas que se presentan al entrar en esta etapa, como son: la pérdida del trabajo a consecuencia de la edad de jubilación, con ello, las personas mayores van perdiendo las

relaciones establecidas en el mismo. Además, el permanecer mayor tiempo en casa ocasiona ciertas dificultades de adaptación, tanto por parte de la familia como del propio adulto mayor, aunándolo en ocasiones a la presencia de conflictos. Además de todo ello, cuando aparecen las pérdidas de ciertas funciones o cuando dejan de realizar tareas esenciales de la vida cotidiana, a causa de su padecimiento o discapacidad, Cuidado de Adultos Mayores es inevitable que surjan sentimientos de tristeza y se pueda presentar la depresión. De hecho, en los servicios de atención a la salud, el trastorno depresivo es uno de los más comunes en las consultas

médicas. Cuadernos de Trabajo Social 343 Vol. 26-2 (2013) 337-347 344 Cuadernos de Trabajo Social Vol. 26-2 (2013) 337-347 María Concepción Arroyo Rueda y Luis Enrique Soto Alanís La dimensión emocional del cuidado en la vejez… Narrativas de tristeza-depresión Ya ahora ya me acostumbré, porque mire, a veces pues sí me da tristeza, y lloro yo sola sin que nadie Cuidado de Adultos Mayores me vea, pero al principio no, no me hacía yo a la idea, pero ya vi que fue como imposible, ya que gano […] sentía tristeza de que ya no podía hacer yo lo que yo hacía, pero me fui

acostumbrando (Caso 6; Rosa María, 86 años). Moralmente pues hay veces, hay ratos en que me ataca la tristeza, porque recuerdo yo los momentos en que trabajaba yo, me sentía a gusto (Caso 10; Jorge, 77 años). La tristeza muchas veces se confunde con la depresión, pero es la tristeza la que predomina cuando se Cuidado de Adultos Mayores sufre una pérdida importante. El significado personal de la tristeza por la pérdida puede variar de persona a persona. El tipo de pérdidas en la vejez van desde la pérdida de la salud, a la pérdida de los seres queridos o bien la pérdida de

un estatus o posición social que otorga identidad (Lazarus. 2000b). Generalmente, las personas que sufren una pérdida tardan un cierto tiempo en asimilarlo, en aceptar y adaptarse a su nueva situación. Según Lazarus, la diferencia entre resignación y aceptación es sutil. Cuando nos resignamos, reconocemos con renuencia o aflicción la Cuidado de Adultos Mayores pérdida; cuando la aceptamos, hemos llegado a un acuerdo con ella y ya no nos sentimos intensamente acongojados, aunque podemos sentirnos tristes de vez en cuando. En otros casos, cuando surge la depresión por las pérdidas, esta depresión es emocional, pero no una emoción concreta, más bien es una combinación

de varias emociones como el enojo, ansiedad y culpabilidad. Finalmente, integramos en este apartado a las emociones empáticas, aquellas que se relacionan en cierto modo con la capacidad de sentir empatía por los demás, como son la gratitud y la compasión. Aún y cuando no Cuidado de Adultos Mayores se ha indagado al respecto de este tipo de emociones, según Lazarus (2000b), éstas son importantes en la vida cotidiana de las personas, especialmente en situaciones de enfermedad y dependencia. 3.7. Emoción: gratitud El sentir gratitud por quien nos cuida, es un valor de muchos seres humanos. De hecho, cuando los padres envejecen, muchos hijos

e hijas demuestran la gratitud, devolviendo el cuidado que los padres les prodigaron de niños. En nuestro estudio, analizamos especialmente la emoción de gratitud de los adultos mayores hacia sus hijos cuidadores. La gratitud en ellos se expresa de manera Cuidado de Adultos Mayores más importante hacia la hija o el hijo por quien recibe el cuidado principal, pues sienten que sin el apoyo de esa persona no podrían sobrevivir, como lo vemos a continuación en las narrativas: Narrativas de la emoción de gratitud Y le he dado muchas gracias, muchas gracias a Paty [hija cuidadora] y a su esposo, que ellos me recogieron,

porque gracias a Dios, le doy gracias a Dios, que aquí Paty me recogió y ella es la que me está atendiendo (Caso 1; María Dolores, 93 años). Claro que sí, claro que sí me Cuidado de Adultos Mayores siento apoyado, me siento con mucha seguridad, que le doy gracias a Dios que la tengo [a su esposa] ¿Qué haría yo si me faltara? (Caso 5; Juan Lorenzo, 76 años). En este sentido, la trama argumental de la gratitud es apreciar un regalo altruista. La gratitud se considera una emoción moderada que surge a partir de la ayuda material, de información o emocional (Lazarus,

2000b). La gratitud es una forma de apreciación de la persona que se siente agradecida por cosas adicionales y en la que hay un sentimiento de una «relación intensa y Cuidado de Adultos Mayores positiva con otra persona» (Hoschild, 2008, p.157). El necesitar ayuda es para muchas personas un problema psicológico, especialmente en nuestra sociedad individualista. El no poder hacerse cargo de uno mismo o ser una carga para los demás, es doloroso y perjudicial para la persona. Cuando los donantes hacen exhibición de su generosidad, es probable que los receptores sientan que el otro está siendo condescendiente. A pesar de que a veces

hay buenas intenciones, la manera en que se presta la ayuda puede ser torpe, herir y causar tensiones que la otra persona no entiende del Cuidado de Adultos Mayores todo. 3.8. Emoción: compasión La compasión es un sentimiento común en los cuidadores de personas enfermas o discapacitadas. No obstante, en este caso analizamos esta emoción en los adultos mayores, pues en las Cuadernos de Trabajo Social 345 Vol. 26-2 (2013) 337-347 María Concepción Arroyo Rueda y Luis Enrique Soto Alanís La dimensión emocional del cuidado en la vejez… vicisitudes de la dependencia y el cuidado, los entrevistados identifican la dedicación y el esfuerzo realizado

por los cuidadores. En ocasiones quienes cuidan de ellos tienen que renunciar a ciertas actividades o a sus espacios de Cuidado de Adultos Mayores recreación para poder ofrecer cuidado a su familiar enfermo. Es en esta dinámica, que los receptores de cuidado también experimentan compasión por quien los cuida. Narrativas de la emoción de compasión Investigadora: ¿Quién de su familia lo cuida más o lo cuida mejor? Jorge: pues igual, nada más que de todos modos a la «pobre vieja» [se refiere a su esposa] pues le echan la carga encima [refiriéndose a sus hijos], y yo junto con ellos (Caso 10; Jorge, 77

años). En el ejemplo anterior, la expresión «pobre vieja» se percibe una actitud compasiva de Cuidado de Adultos Mayores parte del adulto mayor hacia la esposa cuidadora, pues ésta además tiene la responsabilidad de atender a sus hijos varones, quienes si bien colaboran en algunas tareas de cuidado de sus padre, son escasas y esporádicas. Una mujer, entre dos hijos varones y un esposo dependiente, es una apuesta a reforzar el rol tradicional femenino y las repercusiones físicas y emocionales de las mujeres cuidadoras. Un ejemplo más lo vemos en el siguiente caso. Investigadora: ¿quién de su familia se preocupa más por Usted? Rosa

María: no pues a «mi´ja» [se dirige a la cuidadora], Cuidado de Adultos Mayores le «puedo» [similar a le importo] de todas maneras, me ha ayudado mucho «mi´ja» […] pobrecita (Caso 6; Rosa María, 86 años). Nuevamente, el término «pobrecita» está presente en el relato de los participantes. Referirse de esa manera a una persona en nuestra cultura, nos remite a la compasión por ella, ya sea porque atraviesa alguna situación difícil o cierto tipo de sufrimiento. En este estudio, los adultos mayores son conscientes de las repercusiones que tiene en el cuidador. El significado personal de la compasión es que comprendemos que otro

ser humano, como nosotros, está Cuidado de Adultos Mayores sufriendo y merece ayuda. A la compasión se le identifica como un estado emocional unilateral que nosotros mismos generamos y experimentamos. La trama argumental de la compasión es sentirse conmovido y experimentar aflicción por el sufrimiento de otra persona y querer ayudar. Si las personas sufren innecesariamente nuestra idea de justicia es quebrantada. Un objetivo de la compasión es procurar que la persona se sienta segura y feliz. Otro objetivo es que haya la esperanza de que si algún día nosotros estamos en las mismas condiciones, alguien será compasivo con nosotros. No obstante, en los

Cuidado de Adultos Mayores ancianos también surgen sentimientos de compasión por quien los cuida, como vemos en las narrativas a continuación. Es decir, los individuos varían mucho en la forma de sentir la compasión. Como vemos, las emociones cumplen un papel relevante en la experiencia de la vejez y el deterioro de los ancianos como en los cuidadores. A través de ellas conocemos los pensamientos y creencias que se construyen en torno al tema de estudio, así como la oportunidad que ofrecen de hacer «catarsis» a las personas cuando el dolor, la angustia, el enojo y el sufrimiento es Cuidado de Adultos Mayores difícil de llevar a cuestas.

No obstante, en muchos casos, ciertas emociones se reprimen, ya sea porque «no es adecuado», al percibirlo como un síntoma de debilidad cuando hay que aparentar «ser fuerte» ante las circunstancias, o bien, porque no se quiere preocupar o angustiar a la persona enferma. Todas estas «reglas del sentimiento», algunas veces más que favorecer el bienestar de las personas, promueven mayores «cargas» emocionales que afectan la salud mental de los participantes (Hoschchild, 2008; Lazarus, 2000b). El ocultamiento de las emociones en los participantes es una forma de «distanciarse» ante uno Cuidado de Adultos Mayores mismo y ante los demás, de una experiencia que casi

siempre es angustiante. En casos extremos, no sólo puede suceder el «ocultar» la emoción, sino también negarla. A continuación, las narrativas nos ejemplifican lo anterior. Rosa Mª: (…) de primero si… ande [lloraba], sólo que yo lo hacía a escondidas, que no se diera cuenta ella [la cuidadora], porque pues yo extrañaba mi casa… (Caso 6; Rosa Mª, 86 años). Mª Dolores: (…) intranquila… a veces se me va el sueño… pensando… pero no digo nada… para no preocuparlos… (Caso 1; Mª Dolores, 93 años) Cuidado de Adultos Mayores 346 Cuadernos de Trabajo Social Vol. 26-2 (2013) 337-347 María Concepción Arroyo Rueda y Luis

Enrique Soto Alanís La dimensión emocional del cuidado en la vejez… Es evidente la dificultad que implica manifestar el malestar, los sentimientos y emociones que nos muestran frágiles ante circunstancias adversas, ¿será porque vivimos en una sociedad que nos ha enseñado que todo está bien? O ¿será porque no confiamos en que haya una respuesta satisfactoria a nuestro sufrimiento? También será que es preocupante dar preocupación a otros, sobre todo si son las personas a las que se quiere. A Cuidado de Adultos Mayores fin de cuentas pueden ser todas estas cosas juntas. 4. Conclusiones e implicaciones para el Trabajo Social 4.1. Conclusiones —

El explorar las emociones en los participantes fue una experiencia de aprendizaje no sólo intelectual sino también humano. Habernos aproximado a un escenario poco conocido de la vejez avanzada y al cuidado permitió identificar la importante conexión entre lo subjetivo y lo social. La valoración personal que cada persona mayor hace sobre su experiencia de vida, está envuelta en un entendimiento social del envejecimiento y la vejez en el que participamos todos. — La perspectiva Cuidado de Adultos Mayores socio-construccionista de las emociones nos refleja que existe una relación entre éstas y la cultura. Las emociones, como parte del intercambio social están orientadas a

generar acciones y cogniciones. Dichas acciones y pensamientos constituyen elementos fundamentales son congruentes con emociones negativas, como la culpa, la tristeza, la ansiedad, el miedo y la desesperanza. — No obstante, los adultos mayores, como cualquier otro ser humano, siempre buscan compensar el sufrimiento. Los participantes de este estudio implementan alternativas para enfrentar la adversidad de sus vidas; ellos se aferran a emociones como la esperanza y la fe. Mediante Cuidado de Adultos Mayores estas emociones tan arraigadas en el contexto latino, las personas mayores encuentran un sostén emocional para continuar con sus vidas. — Finalmente, otro aspecto relevante en los resultados, es que

aún cuando las emociones de compasión y gratitud se describen como más frecuentes en los cuidadores (Davis, 2005); simultáneamente, las personas mayores también expresan este tipo de sentimiento hacia sus cuidadores. De esta forma, estas emociones positivas intentan equilibrar las emociones negativas que predominan. 4.2. Aplicaciones para el Trabajo Social — Como trabajadores sociales, los resultados de esta investigación nos reorientan a tener una visión Cuidado de Adultos Mayores más amplia acerca de las experiencias de vida de las personas mayores, de la dependencia y de los cuidados. La mirada entonces habrá de ser más comprehensiva, a fin de tener en cuenta siempre el

vínculo entre subjetividad y cultura, entre lo micro y lo macro de los procesos humanos que son objeto de nuestra intervención. — Enfoques teóricos como el de representaciones sociales, el construccionismo social y la gerontología crítica, son campos de conocimiento que deben incorporarse al acervo del Trabajo Social, pues nos ofrecen herramientas para construir explicaciones alternativas de fenómenos sociales como Cuidado de Adultos Mayores la vejez y el envejecimiento. — El abordaje de las emociones en esta experiencia de vida requiere de nuevas formas de intervención que cuestione los aprendizajes y los saberes acerca de la vejez, la dependencia y la obligación femenina del

cuidado. Los nuevos abordajes deberán enfocarse en la resignificación de las creencias y los estereotipos negativos que se construyen alrededor de estos fenómenos sociales. — Igualmente, será necesario un trabajo colaborativo en el que a partir del encuentro con otras disciplinas, el trabajo social contribuya desde lo teórico y lo metodológico, pero también desde lo Cuidado de Adultos Mayores ético, al diseño de nuevas propuestas de trabajo social con adultos mayores. 5. Referencias bibliográficas Aberg, A. C., Sidenvall, B., Lithell, H., O´Reilly, K. y Hepworth, M. (2005). On loss of activity and independence, adaptation improves life satisfaction in old age – a qualitative study

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ANALÍTICOS PARA ABORDAR LA RELACION ENTRE FAMILIA Y ENVEJECIMIENTO Familia como unidad • Interacción social de interacción • Se centra Cuidado de Adultos Mayores en las relaciones de la intrafamiliares (de genero y generacionales) y extrafamiliares • Interacción familiar • Curso de vida individual Familia como unidad de alternación vital • Se centra en el individuo y como la edad afecta la relación/percepción familiar en la vejez. • Ciclo de vida familiar Fuente: elaboración propia La relación entre familia y envejecimiento entendida como unidad de interacción tiene dos componentes: i) familia como unidad de interacción social y ii) familia como espacio de interacción entre

los individuos que la componen. La primera nos remite en un sentido tradicional a la Cuidado de Adultos Mayores idea de lo “privado”, al reducto de la intimidad y dentro de ésta, visibilizar el papel que las familias tienen – en especial el rol de determinados miembros3 – en el alivio de las situaciones de dependencia y vulnerabilidad en un contexto de envejecimiento de la población y de sus miembros. La familia como un espacio de interacción entre los individuos que la componen tiene relación con la consideración de ésta como eje de procreación y socialización de nuevas generaciones. En este plano es el

agente transmisor de oportunidades y perspectivas de vida; y por Cuidado de Adultos Mayores ende reproductor/modificador de las relaciones intergeneracionales; es decir, de relaciones de poder basadas en la edad. En la relación familia y envejecimiento como unidad de alternación vital se identifican dos aproximaciones analíticas: el curso de vida y el ciclo de vida familiar. 4 El enfoque de curso de vida se refiere al sentido otorgado a la edad en diversos grupos sociales y a la posición que las personas logran en diferentes etapas de la vida.5 En este sentido, la relación entre las personas 3 Véase, ROBLES Leticia, Quiénes cuidan a

los ancianos?: una cuestión de Cuidado de Adultos Mayores mujeres, no de familia. Ponencia presentada en el 51 Congreso Internacional de Americanistas, Santiago de Chile 14 al 18 de julio de 2003. 4 MONTES DE OCA Verónica (1999) Relaciones familiares y redes sociales, Envejecimiento demográfico en México: retos y perspectivas, CONAPO, México. 5 MC MULLIN Julie (1995) Teorías de las relaciones de edad y género, Relación entre género y envejecimiento. Enfoque sociológico, Editorial Narcea, Madrid, España. mayores y el resto de los miembros de la familia es dinámica y cambiante. De acuerdo a Fericgla 6 y Bazo7 , la percepción de la familia que

Cuidado de Adultos Mayores tienen los miembros de más edad es diferente a aquella que cultivan los miembros más jóvenes. “Para los(as) viejos(as), la familia es la principal fuente de satisfacción. Las personas de edad conocen perfectamente el papel de cada uno de los miembros, según la estructura tradicional, y siguen actuando en consecuencia. En cambio el resto de miembros de la familia organizan su realidad social a partir de redes en que los grupos de edad revisten una importancia central”. 8 El enfoque del ciclo vital familiar se refiere a las etapas por las que atraviesa la familia Cuidado de Adultos Mayores en cada una de las

cuales, cambia su composición y enfrenta distintas tareas bajo diversas modalidades. 9 En la vejez, la familia adquiere tareas diferentes, debido a que en esta edad la obtención de recursos para satisfacer las necesidades y afectos pueden provenir de fuentes que no siempre son asimilables a aquellas de las anteriores etapas del ciclo de vida. Esto es así porque a medida que avanza la edad, las necesidades y aspiraciones de las personas cambian y con ellos las posibilidades del entorno para satisfacerlas. Tal como afirma Wong et al10 el apoyo Cuidado de Adultos Mayores familiar gana importancia relativa, sobretodo entre los grupos con bajos

ingresos y que no cuentan con apoyo institucional. En síntesis la vinculación entre familia y envejecimiento es evidente y el estudio de la misma puede realizarse desde distintas perspectivas analíticas. El concepto de edad, como herramienta de análisis y conocimiento social y cultural sobre las diferencias cronológicas y fisiológicas que acarrea el paso de los años permite la generación de nuevas preguntas y discursos con los miembros de más avanzada edad. En este trabajo abordaremos la relación entre familia y envejecimiento desde el punto de Cuidado de Adultos Mayores vista de los cambios que ocurren en su interior cuando uno o más de sus

miembros envejece, y los efectos de sus necesidades de apoyo y cuidado en los ámbitos de interacción social y familiar. 1.2. Cambios en las estructuras familiares y envejecimiento: a manera de ilustración Cuando se analizan las proporciones de personas mayores en la región, a pesar de los cambios que se avecinan aún se observa que éstas son inferiores al 10% en la mayoría de los países. Esto 6 FERICGLA Joseph (1995) Envejecer. Una antropología de la ancianidad. Editorial Anthropos, Madrid, Cuidado de Adultos Mayores España. 7 BAZO María Teresa (1994) La sociedad anciana. Editorial Siglo XXI, Madrid, España. 8 FERICGLA Joseph , 1995, op.cit

9 GRAU Olga (1994) Familia: un grito de fin de siglo, Familia Siglo XXI, Ediciones de las Mujeres, No. 20, Santiago de Chile. 10 WONG Rebeca et al (2003) Ingreso y bienes de la población de edad media y avanzada en México, Papeles de Población No. 37, México. daría la impresión de que, cuantitativamente, esta población es aún minoritaria. Sin embargo, cuando se analiza la proporción de hogares en que hay uno o más adultos Cuidado de Adultos Mayores mayores, estas cifras se empinan sobre el 20% o incluso sobre el 30 %. Este resultado es importante para fines de políticas, ya que muestra

que el impacto del aumento de las personas mayores a nivel de la sociedad es aún más grande. Más aún, estas cifras no consideran las relaciones familiares y otras relaciones sociales significativas que mantienen las personas de una sociedad con sus adultos mayores. Analizando este indicador mas detalladamente, se observa una relación significativa del porcentaje de hogares con personas mayores y el porcentaje de personas mayores, que es un indicador Cuidado de Adultos Mayores clave del envejecimiento demográfico (véase Gráfico 1) a) Los hogares con personas mayores El tipo de residencia tiene implicaciones importantes para la calidad de vida de las personas mayores, en

especial en un contexto de restricciones económicas y pobreza. La convivencia con parientes o no parientes, aun cuando en algunos casos puede no ser necesariamente una opción deseada, crea un espacio privilegiado en el que operan las transferencias familiares de apoyo no sólo económico, sino también instrumental y emocional. En la región, hacia fines del decenio pasado, uno de cada cuatro hogares tenía entre sus Cuidado de Adultos Mayores miembros a una persona de edad 11 (véase Gráfico 2) Asimismo, la mayoría de los adultos mayores ? 8 de cada 10, según los censos de 1990 y al menos 2 de cada 3, según

encuestas de hogares urbanos de 1997 — residían en hogares multigeneracionales Según datos basados en las encuestas sobre salud, bienestar y envejecimiento (SABE) un alto porcentaje de personas mayores, de 40% a 65%, vive con hijos, siendo este porcentaje mayor en La Habana, México y Santiago y menor en Bridgetown, Buenos Aires y Montevideo.13 Las personas mayores que viven solas Cuidado de Adultos Mayores o únicamente con su pareja, en cambio, constituyen alrededor del 50% en estas últimas tres ciudades b) Vivir solo en la vejez Una de las características con las que suele asociarse la residencia en la vejez es el vivir solo,

como resultado del ciclo de vida familiar. De acuerdo a los cambios demográficos, se esperaría una tendencia al incremento de este indicador debido a que con la edad aumenta la viudez y con la extensión de la esperanza de vida existe mayor probabilidad de separaciones. Sin embargo, en la región, no se aprecia una tendencia Cuidado de Adultos Mayores generalizada a vivir solo a medida que aumenta el proceso de envejecimiento. Tal como ha sido señalado en un estudio anterior (CELADE, 2004) la residencia solitaria en la vejez es poco significativa en América Latina (véase Cuadro 2) En las fechas más recientes disponibles (entre

1990 y 2000), este indicador oscila entre un 8% y un 20%, siendo — inesperadamente— Bolivia el país que presentan el valor más alto. Esto puede deberse a dos causas. Por una parte, en la edad avanzada se prefiere la residencia con compañía, especialmente familiar, debido a que con la Cuidado de Adultos Mayores edad disminuyen que las capacidades para hacer frente de manera independiente las necesidades de la vida diaria; y por otra, las familias jóvenes tienen menos probabilidad de independizarse y constituyen su hogar junto a sus ascendientes. Entre la población adulta mayor, las personas mayores que viven en áreas rurales son

las que tienen más probabilidades de vivir solas (Gráfico 4) La excepción es Brasil, cuyos programas de pensiones no contributivas rurales han cambiado el rol que los trabajadores rurales adultos mayores tienen en sus respectivas familias y comunidades. Un reciente estudio indica “la migración rural-urbana Cuidado de Adultos Mayores es la principal responsable de esta ruptura de lazos de corresidencia y de proximidad y puede no necesariamente significar la ausencia de lazos afectivos o de transferencias monetarias… la distancia respecto de las zonas rurales de los descendientes que residen en zonas urbanas hace imposible el apoyo instrumental que podrían requerir los más viejos entre

las personas mayores para desempeñar las actividades de la vida diaria 2. FAMILIA Y SISTEMAS DE APOYO Y CUIDADO EN LA VEJEZ Uno de los nudos centrales de la relación entre familia y envejecimiento es el apoyo y, como corolario, Cuidado de Adultos Mayores el funcionamiento de los sistemas de cuidados. En este contexto, el paulatino incremento en la esperanza de vida y el aumento a ritmos acelerados de la población adulta mayor han suscitado inquietud por conocer el grado de bienestar que experimentan las personas mayores, poniendo una mayor atención a los mecanismos de apoyo social informales entre los que destacan el papel

de los vínculos familiares. El énfasis reciente hacia los apoyos sociales en las personas mayores se debe a que en la vejez se puede experimentar un deterioro económico y de la salud (física o mental), Cuidado de Adultos Mayores junto con una mayor probabilidad de debilitamiento de las redes sociales debido a la pérdida de la pareja, los amigos y/o parientes. La preocupación por estudiar los apoyos sociales de las personas mayores se debe ubicar en dos contextos fundamentales. Por un lado, en los países desarrollados existe preocupación por la incapacidad estatal para financiar políticas y programas dedicadas al mantenimiento físico y material de

la población mayor. La histórica organización que asiste a la población y los recursos económicos para mantenerla -en el futuro cercano- se ven amenazados por los cambios en la estructura Cuidado de Adultos Mayores productiva de las sociedades.15 En estos países el gasto público de las necesidades de las personas mayores ha experimentado un rápido crecimiento, lo que ha producido una inquietud en torno a la sostenibilidad fiscal y exige un planteamiento pluralista con relación a las prestaciones de servicios de cuidados16. De ahí que sea la familia y las redes sociales -provistas en la comunidad- las áreas de investigación estratégicamente relevantes al analizar

el bienestar de esta población. Por otro lado, en los países en desarrollo donde el proceso de envejecimiento ha sido más rápido y reciente, las Cuidado de Adultos Mayores históricas condiciones socioeconómicas no han permitido instaurar medidas suficientes para cubrir las necesidades de esa población. En muchos países las personas mayores apenas reciben protección formal con la salvedad de los jubilados y pensionadas, que constituyen una minoría que ejerce de manera relativamente eficaz sus derechos. El resto de la población de edad avanzada por la escasez en los servicios de salud, el poco acceso a los planes de pensión, la exclusión del mercado laboral

formal no tiene acceso a mecanismos institucionales para satisfacer sus necesidades y “aparentemente” depende de su familia en la sobrevivencia Cuidado de Adultos Mayores cotidiana pero también de otras expresiones de las redes sociales de apoyo para mantener vínculos afectivos, conservar información estratégica en la cotidianidad, entre otros, y en conjunto preservar cierta calidad de vida. Durante años la convivencia en hogares multigeneracionales fue asumida como indicador de apoyo. Si se pertenecía a una familia se estaba apoyado. La investigación gerontológica desmintió que esto fuera así y empezó la preocupación por un análisis más detallado de la calidad, frecuencia, efectividad y disponibilidad de los

apoyos familiares. Algo que resultó sumamente importante fue la constatación de que pertenecer a una Cuidado de Adultos Mayores familia no garantiza necesariamente que el apoyo sea constante, ya que éste puede variar en el tiempo y en el curso de vida de los individuos. Por eso, hoy en día, saber sobre la continuidad de la ayuda en la etapa de vejez, en casos de enfermedad o en contextos de escasez económica, resulta fundamental 2.1. Apoyo social y familia en la edad avanzada En este trabajo, usaremos entenderemos apoyo social como “las transacciones interpersonales que implican ayuda, afecto y afirmación”.17 Este conjunto de transacciones

interpersonales que opera en las redes, que también denominamos con Cuidado de Adultos Mayores el término genérico de transferencias, se presenta como un flujo de recursos, acciones e información que se intercambia y circula. Se consideran cuatro categorías de transferencias o apoyos: materiales, instrumentales, emocionales y cognitivos18 Una de las fuentes importantes de apoyo y cuidado en la vejez es la familia en la medida que es la sede de transferencias intergeneracionales de recursos —materiales, de cuidados, afectivos— de suma importancia en la vida cotidiana de las personas mayores. Los datos de la encuesta SABE muestran una alta proporción de personas mayores que reciben

apoyo familiar. Esta proporción varía Cuidado de Adultos Mayores de 82% en la muestra de Barbados hasta 93% en La Habana y São Paulo. Entre los tipos de apoyo, los más importantes son los que implican servicios, bienes y dinero. En casi todos los países, la proporción de personas mayores que recibe este apoyo fue superior a 60%. Otro aspecto destacable es que el apoyo más importante proviene de los miembros que conviven en el hogar, seguido por el de los hijos que viven fuera. El apoyo de los hermanos es menor, aunque no despreciable. Los datos también señalan un flujo de apoyo de

Cuidado de Adultos Mayores las personas mayores a las demás personas. La proporción de personas mayores que prestan algún tipo de apoyo varía de 70% en Bridgetown hasta 88% en Santiago de Chile y São Paulo. Además de ilustrar la intensidad con que ocurren las transferencias de apoyo en las que participan los adultos mayores en América Latina, estas cifras muestran que las transferencias de apoyo familiar operan en una doble vía. La situación actual respecto de las posibilidades de que disponen las personas mayores para buscar apoyo y protección económica en sus descendientes es el resultado de las Cuidado de Adultos Mayores circunstancias demográficas predominantes tres o

cuatro décadas atrás, circunstancias que se han ido modificando sustancialmente. Por una parte, la fuerte disminución de la fecundidad reducirá el tamaño potencial de la red de apoyo familiar con que contarán las personas mayores. Particularmente difícil es la situación de las personas que serán mayores en los próximos años, que deberán prepararse para su propia vejez en condiciones poco propicias, al tiempo que deberán ayudar a sus antecesores, sabiendo que no necesariamente contarán con el mismo tipo de apoyo familiar que ellos están ofreciendo a sus mayores. Por otra Cuidado de Adultos Mayores parte, la incorporación plena de la mujer al mundo del

trabajo fuera del hogar implica una readecuación de las funciones de cuidado entre hombres y mujeres, pero independientemente de ello, disminuye la disponibilidad de un recurso de apoyo que por su condición de género ha tendido a estar sobrecargado con funciones de cuidado. Por último, la mayor longevidad y su efecto en la menor incidencia de la viudez, unido a los cambios en los patrones de formación y disolución de uniones, modifican las estructuras familiares y crean alteraciones que pueden limitar la capacidad de las Cuidado de Adultos Mayores familias de ofrecer apoyo en el futuro. Las familias como fuentes de apoyo varían de

acuerdo a bases de diferenciación social de las personas mayores. En el caso particulares de las poblaciones indígenas los datos de los censos nos permiten determinar identificar algunos aspectos de los apoyos potenciales de la familia. Por ejemplo, en la mayoría de los países, los indígenas de edad avanzada, tanto hombres como mujeres, suelen estar casados o unidos en mayor proporción que en la población no indígena. En cuanto al porcentaje de personas mayores que viven solas varía mucho entre Cuidado de Adultos Mayores los países, y no se aprecia una diferenciación clara entre indígenas y no indígenas. La divergencia más nítida se registra

entre zonas urbanas y rurales, ya que en éstas últimas tiende a ser superior la incidencia de los hogares unipersonales en la población mayor de origen indígena. Es posible que este fenómeno no esté relacionado con la falta de apoyo y cuidado, ya que la vida comunitaria activa puede reemplazar el apoyo familiar basado en la cohabitación. Las redes de apoyo familiar de la población mayor también se expresan diferentemente en hombres y mujeres. Parte Cuidado de Adultos Mayores de estas variaciones tienen relación con características sociodemográficas como el estado civil de unos y otros. Wegner (1984 en Scott y Wenger, 1996)19, ha mencionado

que el matrimonio tiene un efecto diferente para hombres y mujeres. Igualmente el número de los hijos tiene una actuación diferencial con respecto al padre o la madre. La mortalidad a través de los diferenciales en la esperanza de vida también tiene efectos particulares, puesto que los hombres al tener una vida más corta viven la vejez en compañía, lo que en algunas latitudes se complementa cuando la edad de Cuidado de Adultos Mayores la cónyuge es muy inferior. Las diferencias de género muestran que los varones solteros o viudos tienen una red social más reducida que las mujeres en cualquiera de esas categorías.

 

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